El problema es que ustedes creen que la revolución es coroneles y rifles de segunda importados de Europa. Llegan un par de capitancitos de madera al poder, botan al dictador de turno al cajón del reciclaje (porque ojo, siempre se reciclan y terminan senadores o alguna carajada así) y después se agarran de las mechas por el poder para poder darle un campo en el Ministerio de Transportes al cuñado que perdió el trabajo cuando la crisis y ningún capitancito se fija en los silabarios para primer grado, en las guías académicas de la escuela, en el eterno "Mamá amasa la masa, Papá lee el periódico en la sala", Dios guarde, así aprendimos nosotros y nuestros padres y nuestros abuelos a leer, y ahí para arriba hasta los próceres de la patria, los nobles señores con patillas de dos pulgadas que hicieron el Código de Educación. La revolución debe empezar en las escuelas, muchachos, dele a los niños los libros que de veras valen, tómese el tiempito de engavetar los galeones y la Medalla por Servicio a la Patria y pase a la Biblioteca Nacional a aprender un poco de literatura. Porque esos librillos que los gorilotes tanto desprecian, de veras dicen cosas, a veces buenas y a veces malas y a veces algunas otras que lo dejan pensando a uno ("El fin justifica los medios" dijo un italiano bien cabrón, cuando aún no era italiano pero sí cabrón). La revolución no es más que un reguero de mercenarios y seudomilitares si no es cargada en las espladas de alguien que entienda la necesidad del cambio desde abajo, desde el suelo mismo de la pirámide, desde las niñas que van a correr por las aulas vacías de su escuela provincial pensando que ellas también pueden ser piratas y domadoras de leones y capitanas de embarcaciones. No muchacho, yo ya no estoy para correr con la bayoneta en la mano a matar hermanos, si lo querés hacer, allá vos. Lo que pasa es que no te das cuenta que vos no luchñas por las ideologías según el esquema tradicional, izquierda y derecha y un par de ambidiestros nivelando la balanza en el centro. Vos luchás contra los goliras que botaron al Presidente atrapado en su Palacio Azul, contra los que creen que la voz más fuerte siempre será la del revólver, contra los que abatieron con barcos y aviones y tanques al frágil gobierno democrático que se tamabaleaba en el país. ¿Y cómo los combatís? Con más rifles importados, y granadas que ni saben a quién matan y un par de sicarios que solo buscan su par de pesos para el almuerzo del próximo miércoles? Con un Golpe castigás a los golpistas. Bonita cosa. Yo te dejo ir, si vos querés, pero no me pidás que me ponga las botas de nuevo, porque hace años dejé yo esas cosas. Suerte muchacho, ahí leeré en los diarios cómo te fue. Eso sí, dejame la puerta abierta, porque me entra el sonido de los chiquillos pateando la bola en la calle y me hace bien para la vejez.
viernes, 13 de febrero de 2009
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